lunes, 19 de enero de 2026

Nunca es fácil hablar de muertos

Imagen del tren de Iryo implicado en el accidente de Adamuz.Susan Vera | REUTERS

El Gobierno Central y el Gobierno de la Junta de Andalucía aparcan sus diferencias y se unen para esclarecer los hechos del accidente del tren Iryo.

Como cualquier Español de bien, me siento devastado por lo acontecido en Córdoba; concretamente en el accidente del tren Iryo. 

Creo firmemente que, en la historia de España, los españoles siempre nos hemos unido para sobrellevar situaciones críticas: Lo hicimos en la invasión napoleónica, con Miguel Ángel Blanco, también en el COVID, etc. Partiendo de que siempre ha habido traidores que han socavado la voluntad del pueblo español de seguir adelante, podemos afirmar que, aunque parezca mentira, España es una nación solidaria donde habitan buenas personas.

Es cierto que en sucesos recientes, como la DANA, donde se resalta el buen hacer de la ciudadanía, se puso de manifiesto que existen personas —y partidos—, que antepusieron el interés político y/o personal a su deber de socorrer a las víctimas. En lo personal, me dolió y me duele mucho cómo se gestionó esa tragedia y, por ello, cuando ha acontecido esto, me esperaba más de lo mismo: Juanma Moreno haciéndose devoto palmariano, Pedro Sánchez usando la tragedia como justificación de la descentralización de competencias estatales, VOX haciendo cosas de VOX, etc., ¿Y qué nos hemos encontrado? Que, a día de hoy, el PP de Juanma Moreno y el PSOE de Pedro Sánchez han mandado un mensaje de unidad donde priorizan unidad, entender qué ha sucedido, por qué ha sucedido y ayudar a las víctimas. Esto lo ve un paiportino y le damos, a la vez, una alegría y un disgusto, y con razón.

Esto tenía que haber sido la tónica general, siempre. El problema está en que nos hemos acostumbrado a que los políticos solo sepan mirar por sus intereses que, cuando actúan como deberían y muestran signos de querer ayudar al prójimo, no nos lo esperamos y nos sorprenden. Lo que han hecho el PP Andaluz y el PSOE nacional es, simplemente, lo que había que hacer, y eso me ha dejado en fuera de juego pues no me lo esperaba. No me lo esperaba, porque lo fácil era culpar al adversario especulando sobre qué ha fallado y, por qué eso que se cree que ha fallado, es culpa del adversario político.

Hablando sobre lo que ha pasado. El "orgullo" que me han transmitido la clase política en este asunto —VOX, como no tiene clase, no aplica—, ha quedado manchado con la manifestación del gen giliflautas que —creo—, tenemos todos los españoles: Ahora somos expertos en trenes, en vías y en el mantenimiento de las mismas.

Vale que podamos tener una opinión de Venezuela: Cualquiera que haya estudiado Historia de la ESO o haya seguido los acontecimientos de la última década ya tenía una base sólida, pero en lo que respecta a este accidente... ¿En serio tenemos a tantos españoles que son ingenieros ferroviarios, virólogos, biólogos, médicos, farmacéuticos, ingenieros en telecomunicaciones, ingenieros aeroespaciales e hinchas del fútbol? Porque parece ser que estas carreras son necesarias para que te puedas registrar en X y, presuntamente, estas titulaciones se otorgan en España al terminar la primaria. Sino, no me explico que siempre que ocurre algo, los mismos ya tengan una opinión "racional, veráz e irrefutable". Que alegría que los españoles seamos tan inteligentes. No entiendo como Europa nos dice que los Españoles "nos la pasamos de fiesta", cuando la realidad es que estamos todo el día estudiando.

Siendos serios: lo odio. El derecho a opinar se ha pervertido. ¿Tengo derecho a opinar? Si. ¿Tengo derecho a opinar sobre algo que desconozco? Tienes derecho aunque quedes como un imbécil. ¿Tengo derecho a debatir e imponer mi punto de vista sobre algo con alguien que lleva toda su vida dedicándose a investigar sobre ese algo? Pues en España eso no es un derecho: Es un deber.

No sé como evolucionará esto. Quiero respuestas, quiero cooperación política y quiero que, para tener redes sociales, se tenga que superar un psicotécnico. ¿Es mucho pedir?

sábado, 17 de enero de 2026

Pedro Sánchez no da pie con bola con el problema de la vivienda

Seamos sinceros: España tiene un obvio problema de vivienda en España: La escasez de oferta, el aumento desorbitado de precios y la precariedad residencial, entre otros factores, hace que el problema de la vivienda en España sea una prioridad. Para encontrar una solución, creo que lo ideal sería identificar a los culpables y, con un ojo puesto en las necesidades de los ciudadanos, hallar una solución que satisfaga este problema.

El mayor problema que tiene la vivienda es claro: Las competencias. Abordar el tema de la vivienda implica abordarlo en cada una de las instituciones que tienen competencias sobre ella, como sería: El Estado, las Autonomías y los Municipios. En esta triada es común que, si no reman las tres partes en la misma dirección, el tema se estanque y, como suele ser habitual, si en cada elemento de este triángulo competencial gobierna un partido político distinto, el deseo usar la necesidad de la gente como arma política se vuelve difícil de controlar.

¿Qué beneficio sacaría la oposición si facilita al gobierno de turno la creación de vivienda pública? Porque la excusa de la liberar suelo nos puede valer siempre que no limites la compra de viviendas y/o suelo a fondos buitres o empresas de esa calaña. Por ejemplo: Si yo, como estado, subvenciono 500 viviendas públicas en una ciudad y luego esas viviendas se venden a fondos buitres por un valor irrisorio (como ha pasado en Madrid), ¿Qué problema hemos solucionado?

Como ciudadanos, me pregunto qué políticas de vivienda pública puede hacer el gobierno de Pedro Sánchez, si depende de la oposición para que aplique dichas políticas y para que no venda las viviendas a fondos buitres. ¿Acaso podemos esperar del PP que no vuelva a vender vivienda pública a fondos como Blackstone (os suena Fidere)? Realmente la descentralización de competencias que está haciendo este gobierno, no para el interés general, sino para interés de nacionalismos y regionalismos, es el elefante en la habitación para la izquierda progresista en España.

Imagen de freepik

Cuando la solución final que propone el PSOE en el tema de la vivienda son los incentivos fiscales positivos (bonificación del IRPF si no suben el alquiler, por ejemplo), en vez de perseguir a los propietarios que especulan con la vivienda y coserles a impuestos por cada piso vacío que tengan y, a la vez, impedir que suban el precio del alquiler. Porque no hay mayor hipocresía que decirse ser de izquierda progresista y, a la vez, ponerse de parte de los caseros y no de los inquilinos. Según El País, esta medida de bonificar el IRPF a los caseros que no suban el alquiler, les ahorrará a los caseros en torno a 1500 euros. A los que estén a favor de esta medida, les pediría que pongan su mano en el fuego si de verdad creen que esta rebaja fiscal para los caseros repercutirá positivamente en los inquilinos. ¿Cómo puede el PSOE mirar a los ojos a la clase trabajadora sin sentir un atisbo de vergüenza? ¿Cómo pueden los progresistas mirar para otro lado?

Si somos condescendientes para con este gobierno porque “un gobierno de PP y VOX sería lo peor que nos podría pasar”, significa que nuestro voto no vale para un proyecto político sino como defensa para que otros no hagan el suyo, y eso me hace plantearme cuál es el proyecto progresista de este gobierno y dónde quedó la organización de la militancia de base para exigir, no solo responsabilidad al gobierno, sino actuaciones acordes a las necesidades de los españoles y que estas vayan de la mano del programa electoral que se ha votado.

La impresión que yo tengo es que, en materia de políticas progresistas, tenemos un gobierno sin presupuestos, sin proyecto definido y que está sobreviviendo, políticamente hablando, mas por los desvaríos de la oposición que por sus aciertos.

jueves, 8 de enero de 2026

¿Hasta cuando seguiremos los desvaríos de Trump?

Trump lo logró: El secuestro de Maduro deja en segundo plano los papeles de Epstein

Llevo varios días queriendo escribir sobre lo sucedido recientemente en Venezuela con Nicolás Maduro. He escrito unos 3 borradores para esta entrada de blog pero la velocidad de los acontecimientos es tan vertiginosa que, no solo me cuesta seguir al día la noticia, sino que tantas fuentes interpretan de forma tan distinta lo sucedido que, no os voy a engañar, requiere un esfuerzo titánico hacerse una idea honesta y veraz de los hechos.

Antes de nada quiero diferenciar dos puntos que surgen a raíz de los acontecimientos:

  1. El chavismo implantó una dictadura en Venezuela y Nicolás Maduro es un dictador.

  2. El secuestro de un líder político, saltándose la legalidad internacional vigente, es un acto de terrorismo político y un peligroso precedente que no solo equipara, sino que deja en peor lugar al secuestrador que —en este caso—, al secuestrado.


Sobre el primer punto no hay mucho que discutir, la detención de políticos, la inhabilitación política a políticos opositores, las “elecciones” donde las actas brillan por su ausencia… Lector/a, no nos engañemos, la Venezuela de Maduro no era una democracia, de hecho, el gobierno de Delcy Rodríguez tampoco va a ser democrático pero sí de interés para Trump. Sé que para las personas de izquierdas, como yo, podría resultarnos difícil afirmar que Maduro es un dictador porque “es de izquierdas”, pero no seamos pusilánimes ni hipócritas: La izquierda debe ser ejemplar, la izquierda enarbola la democracia, las dictaduras son el enemigo de las democracias y hay que condenarlas todas, incluyendo la de Maduro. ¿Qué diríamos si, por ejemplo, Abascal defendiera alguna dictadura como la Iraní? Imploro no jugar con sesgos y matices para no caer así en la hipocresía y la deshonestidad.


El pensar que el proyecto para Venezuela de María Corina Machado o de Edmundo González sea mejor que el chavismo puede ser cuestionable, o al menos, debatible, pero no nos engañemos y vayamos a exculpar a Maduro de la situación en Venezuela debido al “Imperio Yankee”, porque deducir que Maduro era un buen presidente para Venezuela porque la oposición era “lo peor de lo peor” es caer en el más absurdo de los Circulus in Probando.


Aclarado ya este primer punto me gustaría enfocarme algo más en el segundo: El acto de secuestrar a un líder político extranjero realizando la intervención en dicho país.


Hay que condenar, y condeno, los actos cometidos por Trump. No voy a explayarme en sobre si ha sido legal o no pues, como cualquier persona con conexiones sinápticas cerebrales, se puede deducir que meter a militares extranjeros, secuestrar al presidente y a su esposa y sacarlos de dicho páis puede, y solo puede, violar algunas leyes internacionales y plantear algunas cuestiones sobre las leyes diplomáticas. La excusa de que es un narcotraficante parece ser que no era del todo cierta —qué sorpresa—, y si tuviera que invadirse cada país regido por una dictadura, me pregunto por qué Trump no ha hecho nada en Corea del Norte.


La verdad parece muy obvia cuando se observa que los dos países donde EE.UU ha hecho una intervención militar recientemente, Venezuela e Irán, son dos de los países más ricos en petróleo. Una pista está en que, después de lo acontecido en Venezuela, Trump haya puesto al mando a una chavista, como es Delcy Rodríguez, en vez de a la Premio Nobel María Corina Machado o a Edmundo González: Mucho cambio de régimen no hay. 


¿Dónde quedó la democracia? En vez de democracia, Trump sólo habla de petróleo, pero no es más que una mera casualidad, porque se quería liberar a Venezuela del chavismo y, para nada, arrebatarles su petróleo.


@RapidResponse47 (via REUTERS)
La actitud de la OTAN no me ha sorprendido pues solo han mostrado efectividad de acción cuando los intereses de la OTAN abrazaban los de EE.UU —véase la guerra de Ucrania como ejemplo más actual—, mientras que han pecado, junto a la UE, de pusilánimes cuando los intereses del conflicto no se alineaban con los intereses de EE.UU, como sucedió en Palestina o, más recientemente, en la propia Venezuela. Me pregunto hasta qué punto beneficia a España su pertenencia, no solo a la OTAN —donde nos han despreciado históricamente en distintos puntos, destacando lo que respecta al Sáhara Occidental y a Gibraltar—, sino a una UE donde nos apodaron de forma muy cariñosa, juntos a otros países, PIGS (CERDOS). Donde, a pesar de ser la economía que más crece a día de hoy, cada vez tenemos menos peso internacional; y aunque parezca fácil culpar a Pedro Sánchez (que algo de culpa tiene), el hecho de que en España gobierne la ideología opuesta a la electa en la UE nos ha dejado en una posición algo compleja.

Quiero connotar que, en España, lo acontecido en Venezuela ha sido imposible, a nivel político, de explicar: menos aún justificar. Porque quitar a un dictador para poner a una ministra de ese dictador es como quitar a Hitler para poner a Goebbels. En este punto me ha sorprendido, para bien, la posición de España.


Admito que he tardado en escribir sobre esto porque, como ciudadano español que no vive, ni ha vivido, en Venezuela, me ha sido difícil informarme lo suficiente para dar una opinión que se ajuste a la realidad de los acontecimientos. Por este motivo, me sorprende que desde el minuto 0 las redes se llenaran de expertos en geopolítica para “explicar” lo acaecido en Venezuela.